Cómo Uruguay redujo la mortalidad infantil a un mínimo histórico en 20 años

16/04/2018

En 1997, fallecían 16,8 de cada 1.000 menores de un año que nacían vivos. En 2017, ese número bajó más del 60%, a 6,6. Una mejor atención y coordinación entre los niveles de atención fueron claves para lograr estos resultados y salvar vidas.

La mamá mira a su hija en la incubadora, le habla, le acaricia las manos. Cuenta que la niña se pone ‘como loca’ cuando llega la hora de tenerla en brazos. La beba es prematura. Llegó antes de las 39 semanas de gestación, pero está recibiendo los cuidados que necesita en el Servicio de Recién Nacidos del Centro Hospitalario Pereira Rossell de Uruguay.

 

En ese hospital de la Administración de los Servicios de Salud del Estado (CHPR-ASSE) nace un promedio de 7.000 niños por año, y el 12% de ellos requiere cuidados intensivos, intermedios o mínimos. Los nacimientos en ese centro asistencial representan 16% de partos del país (en 2017 hubo 43.014). La prematuridad es la primera causa de mortalidad en los niños menores de cinco años en el mundo, pero el acceso a la atención de salud y a cuidados médicos aumentan en gran medida sus posibilidades de supervivencia.

En 2017, la tasa de mortalidad infantil de menores de un año en Uruguay alcanzó el mínimo histórico: 6,6 cada 1.000 nacidos vivos. El número confirma la tendencia descendiente iniciada hace 20 años, cuando ese índice alcanzaba los 16,8 de cada 1.000 nacidos vivos. “Estar entre el grupo de países con tasas de entre el 5 y el 7 por 1.000 es un logro enorme”, afirmó Daniel Borbonet, responsable del Servicio del Recién Nacido de ese centro de salud.

En América Latina, la tasa promedio de mortalidad infantil es de 16 por 1.000, y Uruguay se ubica entre los cinco países con los índices más bajos junto con Canadá, Chile, Cuba y Estados Unidos. Entre 1990 y 2010, los países de la región, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y socios, redujeron la mortalidad infantil a más de la mitad.

Más inversión y trabajo en red

Con más de 30 años de trabajo y de docencia en el área de Neonatología, Borbonet asegura que los logros son producto de la inversión presupuestal en salud y de la política implementada a partir de 2008 por el Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), dirigida a “complementar y apoyar a los distintos niveles de atención, y no contraponer el primero contra el tercero o el tercero contra el primero”.

“Antes venían al Pereira Rossell, que es un hospital de tercer nivel, niños que no era necesario que vinieran. Hoy esos casos se pueden atender en centros de salud del primer nivel que están sus regiones”, señaló el especialista, quien valoró que la descentralización permitió, además, disminuir inequidades de atención entre centros de la capital y de otros departamentos del país.

El trabajo en red de los hospitales y centros de salud sigue las recomendaciones de la OPS para superar la fragmentación de los servicios de salud, la cual genera dificultades de acceso, baja calidad y uso ineficiente de recursos. Este año, en el marco del Día Mundial de la Salud, cuyo lema fue “Salud universal: para todos y todas, en todas partes”, la OPS llamó a derribar las barreras de acceso a la atención, y las institucionales son una de ellas.

El servicio neonatal del Pereira Rossell se ha convertido también en sinónimo de calidad. El docente apreció que “está por encima de muchos lugares privados”, y añadió que muchos de los niños que nacen hoy, pocos años atrás no hubieran sobrevivido. Pero, además de sobrevivir, “hoy los prematuros que nacen tienen menos ceguera, menos retinopatía, menos hipoacusia, menos patología relacionada con el neurodesarrollo”, indicó.

Un equipo de salud comprometido

El trabajo en equipo es clave, así como el rol de la enfermería. “Pasa tanta vida por acá, que es un trabajo muy gratificante”, contó la enfermera Adriana García, contagiando su emoción y pasión por su tarea. También es fundamental el acompañamiento y el protagonismo de las madres y los padres, con quienes el equipo de salud mantiene un diálogo fluido y directo.

El trabajo en equipo es clavePara Soledad Núñez, jefa de Enfermería del servicio del recién nacido, “se genera una sinergia entre bebé, padres y cuidadores; cuando esta sinergia se hace efectiva, de calidad, es cuando vemos buenos resultados”.

“Los padres no tienen que ser visitas, sino que son integrantes del equipo de atención de ese niño. No tienen que pedir permiso para entrar y salir de un CTI (unidad de cuidado intensivo). Debiéramos ser el equipo de salud el que le tenemos que pedir permiso para algún tipo de atención”, reflexionó Borbonet.

La frase le saca una sonrisa a Santiago, padre de Ámbar, peón rural en una zona lejana de la capital, que estaba allí, acariciando a su pequeña y cantándole el arrorró.

Estudiar cada caso

En 2017, 38 niños y niñas menores de un año fallecieron en el Centro Hospitalario Pereira Rossell. “Hoy nosotros discutimos sobre cada niño que no sobrevivió”, dijo Daniel Borbonet, responsable del Servicio del Recién Nacido y del Departamento de Neonatología de la Facultad de Medicina de la Universidad de la República.

Borbonet, who has over 30 years’ experience working and teaching in neonatology“Sabemos de memoria qué pasó y por qué pasó, y qué podríamos haber hecho y no pudimos hacer, o a pesar de que hicimos todo lo posible, el resultado fue el mismo. Y de eso se trata: auditar, evaluar y discutir”, remarcó.

El Servicio del Recién Nacido forma “médicos, enfermeros, técnicos, nurses, parteras, obstetras, es decir, todo el equipo perinatal que luego va a trabajar a nivel público y privado”, enumeró. Para Borbonet, la posibilidad de conversar sobre los casos, no para buscar culpables, sino soluciones. Subrayó que la convivencia con la Facultad de Medicina es un plus que tienen el centro y la Administración de los Servicios de Salud del Estado.

Borbonet no se conforma con que la tasa de mortalidad infantil de menores de un año esté en 6,6 cada 1.000 nacidos vivos. “Hay que salir del país y ver otros modelos de atención, aprender cómo han hecho otros países para lograr el descenso, para alcanzar el 3 por 1.000”, sostuvo. Porque una mejor atención, a tiempo, bien organizada, basada en evidencia y en red, es esencial para prevenir complicaciones y salvar niños en su primer año de vida.

Fuente: OPS/OMS

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