Eduardo Hage: “Las políticas públicas sobre el VIH, deben estar alejadas de prejuicios que generen estigmas”

01/12/2018 - Daniel Salman

 

 

 

Ante un nuevo 1 de diciembre, Día Mundial de la Lucha contra el VIH- Sida, Salud al Sur entrevistó a Eduardo Hage, especialista en Vigilancia en Salud del ISAGS. A seguir algunas de sus reflexiones.

 

Brasil conmemora sus 30 año de lucha contra el VIH con números que muestran una caída en la tasa de mortalidad (de 5,7% a 4,8 cada 100 mil habitantes). ¿Qué reflexión hace al respecto en relación a las políticas de salud pública para lidiar con el tema?

Si bien esos datos sobre la reducción de la tasa de mortalidad en personas con VIH pertenecen a Brasil, esos números son similares en otros países de la región también. Claro, ello se debe a la disposición del acceso a medicamentos desarrollados a lo largo de tiempo, desde los inicios de la epidemia.

En Brasil, el sistema universal de cobertura tiene gran alcance y buscó proveer el acceso universal a todos los infectados que tenían diagnóstico. Los países que tuvieron una cobertura más alta lograron reducir la mortalidad. Sin embargo, tenemos que destacar que la tendencia de reducción de la mortalidad no necesariamente está alineada con los números de incidencia de la enfermedad. Es decir, a la ocurrencia de caso nuevos, detectados a cada año.

Si analizamos los datos en Latinoamérica, en los últimos 10 años la incidencia ha mantenido el mismo nivel. Esto no fue así en las primeras dos décadas desde el surgimiento de la epidemia, cuando las tasas de incidencia tuvieron una disminución. Si la transmisión se mantiene en un nivel alto, la incidencia se mantiene al mismo nivel, por más que las muertes hayan bajado.

Pese a la disminución de la mortalidad, existen números preocupantes sobre el incremento de personas infectadas con VIH en determinados grupos sociales: jóvenes y adolescentes y en hombres que tienen sexo con hombres. ¿Qué opinión tiene al respecto?

Por más que suene paradójico, justamente este cambio de la incidencia en la última década tiene que ver con la disminución de la mortalidad a causa del virus. Antes el VIH era considerado una fatalidad, sinónimo de muerte.

Al inicio, la falta de eficacia de las medicaciones existentes era elevada. La sobrevida de las personas era mucho menor que hoy. Antes, una persona infectada estaba visiblemente enferma. Ahora no. Actualmente la sociedad convive con la idea de que alguien que vive con VIH y hace su tratamiento de forma correcta, no muere a causa del síndrome de inmunodeficiencia adquirido (SIDA).

Una de las consecuencias negativas que este cambio de percepción tuvo fue que muchas personas dejaron de usar preservativos, que sin dudas es la herramienta más segura y probada hasta la fecha en materia de prevención.

Otra de las consecuencias fue que, con la disminución de la visibilidad de la epidemia, también hubo una caída en las campañas de difusión e información a nivel general. Gobiernos, el sector privado y el tercer sector.

En la región suramericana, una de las franjas etarias donde más ha aumentado la incidencia es en el grupo de adolescentes y jóvenes de 15 a 24 años. Vemos ahí que la incidencia es tres veces más que en las pesquisas realizadas en los últimos años. Generalmente la percepción de riesgo de cualquier enfermedad entre los más jóvenes es siempre menor, lo cual torna a cualquier persona un poco más vulnerable si decide exponerse al sexo sin uso de preservativo.

Otro de los grupos donde más creció la incidencia de infecciones es entre hombres que tienen sexo con hombres (HSH), que es una categoría que se utiliza en la salud para contemplar a aquellos hombres que no se identifican como gays, pero mantienen relaciones sexuales con hombres y también necesitan ser incluidos en campañas de salud pública.

Me detendré sólo en Brasil. Por ejemplo, un nuevo estudio realizado por la Universidad Federal de Ceará con financiamiento del Ministerio de Salud, en 12 ciudades brasileñas apunta que uno de cada cinco hombres que tiene sexo con hombres (HSH) tiene VIH.  De acuerdo con el estudio, una frase bastante común entre los más jóvenes participantes era: “el SIDA ya no me asusta más”.

De los participantes, el 83% se declaró soltero y el 58% tenía menos de 25 años. Según el relevamiento, en los últimos 10 años, hubo un aumento de nuevos casos de SIDA notificados entre los hombres, especialmente aquellos de entre 15 y 19 años, de 20 a 24 y 60 años de edad y más.

En Latinoamérica, Brasil es el único país que hizo disponible el PEP y el PREP en su sistema público de salud. ¿Alguna reflexión en torno a esto y en relación a los países miembros de UNASUR?

La implementación de estrategias como el PEP (Profilaxis Post-Exposición) y el PREP (Profilaxis Pre-Exposición) en algunos sistemas de salud está muy bien.

No me voy a detener caso por caso, pero que exista esa posibilidad es algo que merece destacarse. Si embargo, el tema clave es la información y el acceso a la misma. De todas maneras, vuelvo a reiterar que el mayor y mejor método de prevención de la enfermedad es el uso del preservativo.

Vemos que en la región hay determinados movimientos y políticas públicas con una tendencia al conservadurismo y mayor intromisión de la religión en asuntos civiles como lo pueden ser la educación y la salud pública. ¿Qué nos podría decir al respecto?

Es preocupante que una ola conservadora en los países de la región nos lleve a ciertos retrocesos en asuntos de la sociedad civil. En el caso de las políticas de prevención del VIH, pienso que cualquier decisión debe estar alejada de prejuicios que generen estigmas en las personas y en la misma enfermedad.

Ante esas situaciones, una persona con VIH corre el riesgo de ser triplemente afectada: moral, biológica y espiritualmente.

Incluso esto puede afectar el control y el diagnóstico de la enfermedad. Puede alejar a las personas de los centros de salud.

Otra gran preocupación es que haya una disminución del presupuesto, aportes y recursos destinados a las organizaciones que trabajan con este tipo de problemas de salud.

Como Estado y sociedad civil, tenemos que volver a comportarnos y reaccionar como lo hicimos al inicio de la enfermedad, 30 años atrás. Allí es que hay muchas lecciones aprendidas.

 

Por Daniel Salman,

Analista de Comunicación & Información de ISAGS -UNASUR

danielsalman@isags-unasur.org

 

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