La Salud Global con los pies en la tierra

06/03/2018 - Flavia Bueno

Cada año, acciones llevadas a cabo por actores de la salud global se multiplican. Sin embargo, los beneficios y resultados que muchos de estos proyectos buscan alcanzar parecen no llegar a sus poblaciones-objetivos.

Imagínate que estás en el Nordeste de Brasil, en una ciudad del interior. Una familia con tres hijos, uno de ellos con poco menos de dos años. Pero, algo no parece bien. El niño, que ya debería caminar con sus propios pies, sigue en los brazos de su madre. Su desarrollo fue dificultado por una sencilla picadura en su madre, cuando todavía estaba embarazada, de un mosquito que hace décadas transmite enfermedades en diversas regiones del país, el Aedes Aegypti.

Esta familia, cuya realidad fue totalmente cambiada de golpe por la epidemia del Zika y sus consecuentes disturbios neurológicos, es parte de lo que los gestores de políticas públicas y tomadores de decisión a nivel global llamarían de ‘población objetivo’. En decisiones tomadas a miles de quilómetros de sus casas, en instancias globales como la Organización Mundial de la Salud, se movilizaron investigadores, aparatos estatales, financiamiento de diversas naturalezas, en lo que finalmente se convirtió en una emergencia a nivel global. Con medidas de tal envergadura, uno podría creer que una familia como esta estaría muy bien asistida.

Sin embargo, las decisiones tomadas en el ámbito de la Salud Global parecen estar muy alejadas de las personas a quienes desean alcanzar, porque no se las escucha. Así lo entiende la perspectiva crítica de la salud global1, conforme presentada por João Biehl, investigador de la Universidad de Princeton, y Adriana Petryna, de la Universidad de Pennsylvania. Para ellos, escuchar a las personas sirve, no solamente para la evaluación de proyectos implementados, sino para su diseño.

Más allá de lo que se describe como población-objetivo, está un contexto que incluye determinantes sociales, económicos, políticos y culturales. La tentativa de homogeneizarlos en categorías demográficas o geográficas queda en la superficie.

Esta tentativa tiene obvias ventajas para la medición y evaluación de los resultados de lo que se está implementando, incluso para que, posteriormente a su evaluación, estos proyectos reciban más recursos financieros, o sean elegidos para recibir fondos de esta o de aquella organización, entre otros. Para el geógrafo brasileño Milton Santos2, sin embargo, la homogeneización es típica de una ‘fábula’ de la globalización y no ofrece una imagen fidedigna a la realidad.

Para ello, la globalización como se retrata hoy-día no existe de hecho, es una perversidad, ya que sus beneficios (la idea del estrechamiento del espacio-tiempo, acceso a tecnologías e información, aldea global, etc.) solo alcanzan a una pequeña parte de la población del mundo. Así, al revés de lo que se quiere llevar a creer, las diferencias locales son en realidad más grandes y acentuadas. Por ende, las ciencias se unen a las técnicas para conformar el discurso único que construye la idea de globalización actual.

Pese a la importancia de evaluaciones basadas en métricas y epidemiología, hay otros instrumentos que se deberían entender como igualmente relevantes, como la etnografía para abordar de forma compleja de temas, vidas y grupos sociales.  Para tal, los antropólogos colectan datos, trabajando en el campo con la gente y en contacto con sus culturas.

De acuerdo con Biehl y Petryna, ese abordaje presenta ventajas para los proyectos llevados a cabo por los actores de la salud global, porque “al cambiar el énfasis de la enfermedad para las personas y ambientes, y de acceso vertical por igualdad, tenemos la oportunidad de firmar una agenda humana que confronta los desafíos que el mundo enfrenta y expande nuestra visión del futuro de comunidades globales”1.

El reconocimiento de la alteridad es una de las tareas del antropólogo y la etnografía es un método que permite reconocer y comprender fenómenos sociales de una forma integral. Observando la manera como las personas y grupos viven, la etnografía permite que los investigadores puedan incluir a las personas en la investigación, con participación activa de modo a trabajar por cambios estructurales3.

Ahora bien, combinar dos estrategias filosóficamente tan distintas puede ser un desafío que los actores de la salud global deben tener en cuenta. Quizás con una evaluación de esta naturaleza, la historia con que empezamos este artículo tendría una conclusión distinta: una que incluyera la perspectiva de los efectivamente afectados, con el impacto que a ellos les gustaría sentir. Este debería ser el resultado que todo proyecto de Salud Global anhela.

Desde el inicio de su historia, la UNASUR tiene al respeto a la interculturalidad de la región y a la participación social como pilares de su actuación. Con eso en perspectiva, debemos seguir recordando estos valores en todas nuestras acciones, con el principal objetivo de mejorar la vida de nuestra gente.

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Referencias

  1. BIEHL, João; PETRYNA, Adriana. Peopling Global Health. Saude soc.,  São Paulo ,  v. 23, n. 2, p. 376-389,  2014. Disponible en <http://www.scielo.br/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0104-12902014000200376&lng=en&nrm=iso>. Acceso en 19 Febrero 2018.
  2. SANTOS, Milton. Por uma outra globalização – do pensamento único à consciência universal. São Pauto: Record, 2000.
  3. MATTOS, CLG. A abordagem etnográfica na investigação científica. In MATTOS, CLG., and CASTRO, PA., orgs. Etnografia e educação: conceitos e usos [online]. Campina Grande: EDUEPB, 2011. pp. 49-83. Disponible en < https://www.google.com.br/url?sa=t&rct=j&q=&esrc=s&source=web&cd=1&cad=rja&uact=8&ved=0ahUKEwi28KGt3tXZAhWtzlkKHS2fDQYQFggtMAA&url=http%3A%2F%2Fbooks.scielo.org%2Fid%2F8fcfr%2Fpdf%2Fmattos-9788578791902-03.pdf&usg=AOvVaw29D7mFJa3vcrThVbWBW_JW>. Acceso en 28 febrero 2018.
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