La vigilancia en salud en el marco de la integración regional y su aporte al mejoramiento de las condiciones de salud de la población suramericana

30/08/2018 - Eduardo Hage

La región suramericana ha presentado un patrón epidemiológico que mantiene algunas semejanzas con otras regiones y, al mismo tiempo, con particularidades enmarcadas por la permanencia de desigualdades sociales y sus consecuencias en la salud de la población.

Entre las semejanzas se destacan los cambios en los indicadores demográficos (disminución de la mortalidad infantil, aumento de la expectativa de vida al nacer, aumento proporcional en la población de personas de mayor edad), reducción de enfermedades transmisibles (en especial en la mortalidad), aumento en la mortalidad proporcional por otras causas (enfermedades crónicas no transmisibles, causas relacionadas a la violencia, enfermedades metabólicas). Algunas tendencias que en otras regiones han sido más profundas, en la región suramericana siguen siendo más tímidas, como la reducción en la mortalidad materna, en relación a la cual en la mayoría de los países, no se cumplió la meta establecida en el marco de los Objetivos del Desarrollo del Milenio.

Las particularidades de la región están representadas por rangos amplios en los indicadores de salud tanto entre los países de la región como entre los grupos poblacionales. Estas desigualdades, que se manifiestan como inequidades (por la injusticia que representan) y la modificación de políticas de acceso universal a la salud que ya están siendo acompañadas por retrocesos en las condiciones de salud de la población, en algunos países de la región, amenazan los importantes avances que ocurrieran a lo largo de las últimas décadas. Cuando miramos, por ejemplo, las tendencias más recientes de enfermedades transmisibles, como las inmunoprevenibles y la tuberculosis, identificamos cómo el mantenimiento de las desigualdades y de las dificultades de acceso a las tecnologías de salud representan amenazas para los logros alcanzados.

La región suramericana vivenció en las últimas décadas grandes hechos en la reducción de las enfermedades inmunoprevenibles, como la eliminación de la poliomielitis, el sarampión, la rubeola y el síndrome de rubeola congénito, además de la reducción de la mayoría de otras enfermedades de este grupo. Entretanto, siguen ocurriendo brotes y algunas de ellas presentan hoy niveles de incidencia más altos que en décadas pasadas, como evidenciado por los brotes de sarampión en Brasil (entre 2013 y 2015, concentrada en Estados de la Región Nordeste, y en 2018 con diseminación más amplia) y en Venezuela (2018), además del mantenimiento o aumento de la incidencia de tos ferina en muchos países de la región.

En relación a la tuberculosis, hubo una reducción importante de la incidencia y la mortalidad en la región, como por ejemplo, entre 2000 y 2015,  la tasa de incidencia redujo 22,2% y la tasa de mortalidad 37,9 %. Entretanto, dicha reducción es más visible hasta 2010 y a partir de este año se observa una estagnación o disminución de la intensidad de reducción. Hay una heterogeneidad muy grande entre los países de la región en estas tendencias (por ejemplo, en relación a la incidencia hay un rango de variación entre – 49,6% (reducción) hasta +37,5% (aumento), lo que puede reflejar diferencias en la efectividad de los programas/acciones de cada país, en el acceso a las acciones y las tecnologías para diagnóstico y tratamiento por medio de la atención primaria de la salud. Al interior de cada país, también se identifican tendencias distintas, con mayor incidencia (y mantenimiento de altas tasas) en grupos poblacionales más vulnerables, para los cuales la dificultad de acceso a las tecnologías, las condiciones precarias de vivienda y el hambre representan barreras para la mejoría de los indicadores epidemiológicos.

Se agregan a estas amenazas el surgimiento de enfermedades nuevas, resurgimiento de enfermedades que estaban bajo control y las emergencias de salud pública, que en la región encuentran condiciones propicias (poblaciones vulnerables) para su producción y diseminación. La ocurrencia de la epidemia de Zika y sus repercusiones congénitas y neurológicas, la recurrencia de epidemias por otros arbovirus, constituyen ejemplos de esta vulnerabilidad en la región.

La vigilancia en salud históricamente ha representado un campo de la salud pública que ha ofrecido importantes contribuciones para alcanzar y mantener los logros observados en la mejoría de las condiciones de salud de la región. Sea por medio de acciones específicas, como la vacunación, la notificación temprana de casos sospechosos para inicio de acciones de prevención, la detección y tratamiento oportuno de casos de enfermedades que se propagan persona-a-persona, o de forma conjunta con la red de atención, incluyendo acciones intersectoriales, necesarias para el abordaje de los determinantes de las enfermedades no transmisibles, violencia, desastres, entre otros.

Desde el inicio de la UNASUR, los países suramericanos conformaron un grupo técnico de vigilancia en salud, que en conjunto con otras instancias de los países y regionales (ORAS-CONHU, MERCOSUR, OPS), han proporcionado la armonización de procedimientos (como las definiciones de casos, diagnóstico laboratorial y medidas de prevención y control de enfermedades transmisibles), facilitando la actuación conjunta frente a los problemas comunes. La preparación regional para emergencias de salud pública ha sido otro ejemplo de las contribuciones de la integración, dentro del marco del Reglamento Sanitario Internacional, para lo cual los países desarrollaron posiciones comunes, presentadas en las sesiones anuales de la Asamblea Mundial de la Salud y se apoyaron mutuamente en el desarrollo de las capacidades previstas en esto marco.

Asimismo, se pueden identificar la preparación y la respuesta a los desastres, como áreas de avance, para las cuales la Red de gestión de riesgos de desastres en salud de la UNASUR desarrolló un Plan específico para abordar efectivamente este tema que está bajo consulta en los países, conforme lo definió el Consejo Suramericano de Salud (conformado por los 12 Ministros y Ministras de Salud de la región), en su reunión ordinaria desarrollada en septiembre de 2017. Los Institutos Nacionales de Salud se organizaron en una Red correspondiente y han trabajado con pautas importantes para la región, que incluyen temas relativos al diagnóstico de laboratorio, así como también desarrollo de investigaciones sobre temas relativos a las enfermedades transmisibles, cambios ambientales y su repercusión en la salud de las poblaciones, entre otros.

El Instituto Suramericano de Gobierno en Salud (ISAGS) ha contribuido con estos esfuerzos para el fortalecimiento de la vigilancia en salud de la región, en las áreas de vigilancia epidemiológica, sanitaria y ambiental en salud. Desde la producción y difusión de conocimiento sobre los temas relevantes para la región, como la publicación del libro Vigilancia en Salud en Suramérica, el apoyo al desarrollo de las pautas establecidas por los grupos técnicos y redes correspondientes (en reuniones propias o por medio de participación en eventos internacionales) y en la promoción de intercambio de información e identificación de líneas de cooperación entre los países.

El abordaje de la vigilancia en salud desde la actuación del ISAGS en estas actividades, así como al de todas las instancias del Consejo de Salud de UNASUR, ha buscado trabajar los temas relativos a la situación de salud en la región y las acciones de vigilancia en salud correspondientes, de forma articulada con la reducción de las desigualdades, entendiendo que la mejoría de las condiciones de salud de nuestra región, en particular de los grupos más vulnerables, depende de la superación de estas desigualdades.

Eduardo Hage

Especialista en Vigilancia en Salud del ISAGS

eduardohage@isags-unasur

 

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