Salud intercultural, una propuesta decolonial

09/04/2018 - Juan F. Bacigalupo

En las últimas décadas ha surgido una nueva vertiente teórica en Suramérica, académicos en diversos países han comenzado a hablar sobre un paradigma otro, un conocimiento otro: la decolonialidad, es decir, el pensar desde el sur, desde nuestra realidad como ex colonias europeas y reconociendo los efectos de dicho proceso. Así, A. Quijano, filósofo peruano, utiliza por primera vez el término “colonialidad del saber”, definiendo así las relaciones sociales marcadas por el concepto de raza y que priman hasta hoy en nuestros países. Estos autores hacen una diferencia entre el colonialismo (una relación política y económica de poder en que un pueblo está subordinado a otro) y la colonialidad (el resultado del colonialismo, es decir, formas de pensar, de vivir, trabajo, autoridad y relaciones que se articulan de acuerdo al pasado colonial y a la idea de raza), así como en lo que representan para nuestro contexto “al sur del mundo”.

Esta colonialidad la vemos en la sociedad contemporánea, la cual intenta reconocer una forma homogénea de valores y culturas, no dejando espacio para las singularidades de pueblos que tienen conocimientos y vivencias diferenciadas del modo de vida dominante. Así, nos encontramos con diversas culturas en el mundo, tales como pueblos indígenas, afrodescendientes, romaníes y migrantes, que poseen sus propias explicaciones válidas de la realidad que precisan ser consideradas en el área de la salud. En esa línea, el profesor argentino W. Mignolo apunta que debemos reivindicar las particularidades latinoamericanas reconociendo la importancia de la creatividad, del pensamiento situado y contextualizado socio histórico y geográficamente; potenciando un proyecto cultural, político y social que permita romper con siglos de colonialidad y eurocentrismo, lo que en salud llamaríamos de “salud intercultural”.

De esta forma, la propuesta decolonial en el área de la salud consiste en dejar de invisibilizar las diferencias culturales que existen en la atención a la salud de pueblos con conocimientos, saberes y formas de vidas que no se encuadran en el padrón occidental. De acuerdo a la profesora C. Walsh, la interculturalidad “se refiere a relaciones, negociaciones e intercambios culturales, buscando desarrollar una interacción entre personas, conocimientos, prácticas, lógicas, racionalidades y principios de vida culturalmente diferentes; una interacción que admite y que parte de las asimetrías sociales, económicas, políticas y de poder”.

Así, la interculturalidad es un concepto contrahegemónico que surge en las discusiones políticas de los movimientos sociales latinoamericanos y que lucha por una acción de transformación de los problemas, con una mirada local y contextualizada. Dicho carácter intercultural también ha sido incluido en las definiciones políticas de algunos Estados incluso a nivel constitucional, aunque fundamentalmente vinculado a los pueblos indígenas. Estas menciones son indicaciones claras de la importancia de la interculturalidad para las políticas de salud en la región.

En palabras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el enfoque intercultural en salud promueve la convivencia, la relación de respeto y la mutua aceptación entre la cultura del sistema de salud convencional y las diversas culturas por medio de la colaboración entre los recursos humanos en salud, la comunidad, la familia y los líderes sociales. El enfoque intercultural promueve que convivan con respeto y aceptación mutua la cultura institucional médica y las diversas culturas autóctonas, con la colaboración estrecha de los actores sociales, el personal de salud, la familia, la comunidad y los líderes comunales.

Así, la riqueza étnico-cultural de nuestra región representa al mismo tiempo un desafío y una oportunidad para el diseño e implementación de políticas públicas en salud, sobre todo en una región en la que, de forma general, encontramos que cerca del 31% de la población se autoidentifica como indígena o afrodescendiente (5% y 26% respectivamente), porcentaje no menor a la hora de establecer acuerdos y políticas sobre etnia y salud.

Más allá de pensar en salud para indígenas, afrodescendientes, romaníes y otros tantos grupos culturales de nuestra región, deberíamos empezar a buscar mecanismos que aseguren la atención de salud culturalmente adecuada. Países que se autodeclaran como multiculturales (Bolivia, Ecuador y Perú) han avanzado en esa línea, promoviendo políticas de salud intercultural, dentro de la cual incluyen indígenas y afrodescendientes. Por otro lado, casi todos los países de la región plantean políticas de salud indígena, lo cual es un gran avance si pensamos en que los peores indicadores de salud son presentados por estos grupos.

Suramérica avanza y se comienza a dar voz a aquellos que fueron silenciados en el proceso colonial de producción de conocimiento. La salud no se queda atrás: el modelo intercultural llegó para quedarse y avanzar en la construcción de sociedades más igualitarias, justas y plurales.

El ISAGS culminó en el 2017 un Mapeo de las políticas de Salud Intercultural en Suramérica donde se recoge la situación en la región y se presentan propuestas para el avance conjunto.

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