Telesalud: Potencial y amenaza

13/06/2019

Isabel Ituria Caamaño

Las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) y el uso de las redes surgidas a partir de las posibilidades tecnológicas de internet y la web representan un nuevo ámbito de posibilidades y desafíos en salud para el planeta: un nuevo campo de posibilidades para la democratización, participación y solidaridad, y para la salud individual y colectiva, pero también un nuevo campo de posibilidades de violencia (el ejercicio abusivo del poder), o para la profundización de las estrategias de dominación y las inequidades. Igual que la energía nuclear, puede estar al servicio de la salud desde lo individual (radioterapia oncológica, métodos diagnósticos con isótopos radiactivos, esterilización con radiación de distintos productos de uso en salud, por poner solo algunos ejemplos), o desde lo colectivo (por ejemplo, las centrales nucleoeléctricas que aportan a los pueblos energía eléctrica) o volverse en contra.

Tecnologías muy diferentes: la nuclear y la de comunicación e información, comparten su potencial benéfico o destructivo de proporciones catastróficas. Pudiera parecer desproporcionada la comparación, pero se trata de un paralelismo entre las potencialidades y amenazas que a la salud y a la vida pueden traer algunos saltos tecnológicos, en particular en el ámbito del poder y la violencia. Sin necesidad de bombas atómicas como las de Hiroshima o Nagasaki, una pequeña detonación nuclear a 40 km por encima de la superficie del planeta puede traer enorme destrucción a la salud y a la vida, a través de la afectación por pulsos electromagnéticos de los sistemas informáticos y de energía y su impacto inmediato en la salud.

El uso de internet en salud, y sus potencialidades de interacción entre instituciones y personas, de personas entre sí y entre instituciones fue llamado inicialmente “e-salud[1] por extensión de una terminología proveniente de los negocios y mercadeo (Eysenbach,2001), e incluye a profesionales de la salud con sus pares, pacientes entre sí y profesionales de la salud con pacientes (de modo individual o en sus distintas posibilidades de comunidades virtuales), y con relacionamiento unidireccional o bidireccional. El término “salud 2.0” se relaciona con aplicaciones más interactivas y participativas como los blogs (Oliver-Mora, 2017, p 951), con formación de grupos de apoyo entre pacientes y con el equipo de salud, e incrementar la autonomía informada de los pacientes particulares, y el poder de los colectivos, en la toma de decisiones en salud. Y aún el término “m-salud”, es utilizado por la OMS, haciendo referencia al potencial que las más de 7.000 millones de suscripciones de telefonía móvil en el mundo representan para la prestación de servicios de salud y la salud pública (WHO, 2016, p3). Siete mil millones de oportunidades de transmitir información precisa al instante, y de coordinar respuestas ante situaciones de salud: manejo de riesgos de desastres, productos malsanos, alertas epidemiológicas, participación popular en salud y pare usted de contar. Desde el ámbito de la epidemiología clínica se pueden hacer enormes bases de datos, donde se vinculan múltiples variables con algoritmos que permiten hacer alertas tempranas; e incluso generar información precisa epidemiológica georreferenciada en tiempo real, a partir del análisis automatizado de las búsquedas que hacen los usuarios con ciertas palabras claves de salud en la web.

Tan solo el inventario de las potencialidades de las Tecnologías de Información y Comunicación en salud nos lleva a una compleja lista.

Pongamos algunos ejemplos en la salud colectiva, y por otro lado (con profundo entramado de vinculaciones) en la atención de salud individual, pero sin olvidar que el potencial beneficioso tiene su reverso: el mundo de las tecnologías de comunicación e información y redes sociales está en el centro de los intereses económicos de quienes ven a la salud no como un derecho, sino como una oportunidad para sus negocios.

En los temas de salud colectiva el uso de la gran cantidad de datos almacenables y gestionables (big data) para la investigación clínica y epidemiológica, teleducación (de personal de salud, de grupos de pacientes y de comunidad), guías de práctica clínica o protocolos de atención integrados, gestión en salud (incluyendo, pero también avanzando más allá de reducir costos y aumentar productividad numérica), sistemas de referencia y contrarreferencia de pacientes, gestión de listas de espera automatizadas (trasplante y otras), anticipación, alertas y respuestas ante emergencias y desastres, estrategias para la prevención y control de enfermedades no transmisibles, por mencionar algunas áreas.

Las guías de práctica clínica o protocolos de atención integrados (“Clinical Pathways”) son planes de cuidado multidisciplinario, que adaptan evidencias a la estructura local, con secuencias de acciones en el plan de cuidados con criterios de tiempo, que estandarizan cuidados para determinado problema en una población específica. (Kinsman, 2010 y Lawal, 2016). Representan una oportunidad extraordinaria de mejoría de la calidad de atención, de reducción de errores (de diagnóstico, de terapéutica, de indicación de estudios complementarios, de interacciones medicamentosas, entre otros) y de apoyo al manejo integral individualizado de los pacientes, además de facilitar la formación en los grupos y la interacción multidisciplinaria de los equipos de trabajo. Sus ámbitos son muy amplios, desde el manejo automatizado de listas de espera de trasplante (por ejemplo), hasta la prescripción de medicamentos (incluyendo la automatización de estrategias para uso razonado de alternativas terapéuticas adecuadas dentro de las normas nacionales), o la indicación racional de estudios paraclínicos entre otros, basados en pautas generales, obviamente con la individualización que la relación terapéutica requiere.

En los temas de salud individual: telediagnóstico, teleconsulta (incluyendo prescripción), historia clínica electrónica (con sus múltiples estándares y propuestas de armonización para Europa y en Estados Unidos ASTM, HL7, y DICOM para imágenes médicas), posibilidades de generación de órganos y tejidos artificiales, impresiones tridimensionales de prótesis, apoyo mediado por tecnologías de información y comunicación de tratamiento y control de diabetes, marcapasos, arritmias, supervisión de tratamiento antituberculoso, consultas virtuales especializadas en lugares apartados, son solo unos pocos ámbitos.

La lista de espacios de concurrencia de tecnologías de información y comunicación, internet y salud es muy amplia, pero también amplia y compleja es la lista de temas que surgen de esa confluencia para la reflexión, y que al final confluyen en la ética y el poder como nos diría Michel Foucault. Enunciemos apenas algunos:

-La privacidad y su invasión y uso (ejemplificado por el espionaje masivo por parte de algunos Estados puesto a la vista por Snowden y Assange, o las estrategias de influencia política electoral vía redes sociales, a través de equipos automáticos y personas pagadas para distribuir mensajes repetitivos), y más si es en temas tan sensibles e íntimos como la salud;

-Equidad: y su contraparte al perpetuar las inequidades, con las brechas de acceso (país, género, grupo étnico, clase social, nivel educativo, incluso lenguaje) desde el costo de los equipos, o los servicios de internet, hasta el cobro por acceso a publicaciones de salud, a bases de datos, a softwares para manejo de imágenes médicas, o a internet propiamente dicho, por citar algunos ejemplos;

-Propiedad de la información que circula por la red sobre salud y su uso: para la salud o con fines de manipulación y estrategias de mercadeo (político, de productos, etc.);

-Posibilidades de los pacientes de acceder a información sobre salud para tomar mejor sus propias decisiones (o enfermarse con la angustia mal informada);

-Enfermedades relacionadas con el uso de las TICs en el plano individual: adicciones, obesidad infantil (relacionada con tiempos de permanencia ante la pantalla diarios de más de 2 horas, generalmente sentados), bullying y hasta suicidio inducido;

-Potencial de manipulación o, por el contrario, de organización del poder popular;

-La posible reducción de las capacidades de comunicación y relacionamiento presencial social verdadero con el uso excesivo y excluyente de las redes sociales y de las comunidades virtuales.

     Pero tal vez el peligro mayor proviene del potencial de ejercicio del poder por parte de las grandes corporaciones que manejan el ciberespacio para generar afectación en la salud colectiva: Violencia, angustia, miedo, stress, “Fake news” y sus efectos, e incluso la posibilidad del ataque cibernético masivo capaz de paralizar un Estado, y de afectar gravemente la salud pública, al bloquear (por ejemplo) los sistemas informáticos o de control de la energía eléctrica de manera masiva en amplias áreas geográficas y generar más muertes que una bomba atómica, al afectar de inmediato los sistemas de información, comunicaciones, equipos de salud, iluminación de servicios de salud, personal de salud (transporte urbano y vertical en establecimientos de salud).

Podría parecer delirio, pero los pulsos electromagnéticos[2] (según afirma Donald Trump en la orden ejecutiva del 26 de marzo de 2019), tienen el potencial de afectar los sistemas tecnológicos de grandes áreas detonando un dispositivo nuclear a 40 km por encima de la superficie de la Tierra (y solo pensarlo produce escalofríos), y es tan real la amenaza que ordena en 90 días: identificar las funciones, redes e infraestructuras prioritarias con mayor riesgo de (en caso de ser afectadas) generar “efectos catastróficos nacionales o regionales sobre la seguridad o salud pública, la seguridad económica o la seguridad nacional” (Trump, 2019, Sec 6 i).

No se trata tampoco de sucumbir a escenarios apocalípticos, pero sí de plantearse algunas interrogantes con Breilh:

“En la esfera de la dominación, ¿existe lo que algunos están llamando cyber-control o represión cibernética? De ser ciertas estas nuevas condiciones de la vida bajo el capitalismo, es decir que forman parte de la determinación social de la salud y se convierten en objeto de la epidemiología.

Un desafío central de la epidemiología del siglo XXI es repensar las relaciones de poder que determinan la vida y distribuyen la inequidad, incorporando nuevos conceptos que capten las novedosas formas de explotación, sometimiento, subordinación, persuasión y condicionamiento, las cuales contribuyen a la determinación del orden social en el actual período de acumulación acelerada del capitalismo.” (Breilh, 2015 p 977) y resalta también los efectos que sobre las capacidades de entablar relaciones sociales multidimensionales (en las que la mirada, el contacto físico, los gestos y las vivencias compartidas enriquecen al lenguaje verbal) imponen las redes sociales basadas en la web.

Queda mucho por plantear en este mundo complejo de la cibernética para la salud de los pueblos (o para su destrucción), pero sin duda que desde la reflexión nuestroamericana podemos generar algunas propuestas más allá de la alienación al consumo de lo virtual, y de la pueril alternativa de ignorarlo. Y pareciera que el único blindaje posible ante la amenaza cibernéticonuclear a la salud, es la paz.

Referencias:

Breilh J. Epidemiología del siglo XXI y ciberespacio: repensar la teoría del poder y la determinación social de la salud REV BRAS EPIDEMIOL  2015; 18(4): 972-982 Disponible en: http://www.scielo.br/pdf/rbepid/v18n4/1980-5497-rbepid-18-04-00972.pdf Conferencia dictada en el IX Congreso Brasileño de Epidemiología, Centro de Convenções da Vitória, Universidade Federal do Espírito Santo, Brasil; 9 de septiembre del 2014; propuesta para publicación. Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador.

 

Eysenbach G What is e-health? J Med Internet Res 2001;3(2):e20 DOI: 10.2196/jmir.3.2.e20. Disponible en: https://www.jmir.org/2001/2/e20/

Based on the author’s speech delivered at UNESCO (Paris), June 2001, Conference of the International Council for Global Health Progress: Global health equity – Medical progress & quality if life in the XXIst century.

Kinsman L, Rotter T, James E,  Snow P, and Jon Willis.What is a clinical pathway? Development of a definition to inform the debate. BMC Med. 2010; 8: 31.Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2893088/ doi: 10.1186/1741-7015-8-31

Lawal A, Rotter T , Kinsman L , Machotta A , Ronellenfitsch U , Scott S et al. What is a clinical pathway? Refinement of an operational definition to identify clinical pathway studies for a Cochrane systematic review. Lawal et al. BMC Medicine (2016) 14:35 DOI 10.1186/s12916-016-0580-z

Oliver-Mora M Iñiguez-Rueda L. The use of information and communication technologies (ICTs) in health centers: the practititoners’ point of view in Catalonia, Spain. Interface (Botucatu). 2017; 21(63):945-55. Disponible en: http://www.scielo.br/pdf/icse/v21n63/1807-5762-icse-1807-576220160331.pdf

Trump D. USA EXECUTIVE ORDERS. Executive Order on Coordinating National Resilience to Electromagnetic Pulses INFRASTRUCTURE & TECHNOLOGY Issued on: March 26, 2019. Disponible en:  https://www.whitehouse.gov/presidential-actions/executive-order-coordinating-national-resilience-electromagnetic-pulses/

WHO. EXECUTIVE BOARD EB139/8 139th session 27 May 2016 Provisional agenda item 6.6 mHealth: use of mobile wireless technologies for public health Report by the Secretariat

[1] Eysenbach,2001 “e-health is an emerging field in the intersection of medical informatics, public health and business, referring to health services and information delivered or enhanced through the Internet and related technologies. In a broader sense, the term characterizes not only a technical development, but also a state-of-mind, a way of thinking, an attitude, and a commitment for networked, global thinking, to improve health care locally, regionally, and worldwide by using information and communication technology”

[2]  Trump D.  USA EXECUTIVE ORDERS. Executive Order on Coordinating National Resilience to Electromagnetic Pulses. 26 de marzo de 2019. “Electromagnetic pulse” is a burst of electromagnetic energy.  EMPs have the potential to negatively affect technology systems on Earth and in space.  A high-altitude EMP (HEMP) is a type of human-made EMP that occurs when a nuclear device is detonated at approximately 40 kilometers or more above the surface of Earth.  A geomagnetic disturbance (GMD) is a type of natural EMP driven by a temporary disturbance of Earth’s magnetic field resulting from interactions with solar eruptions.  Both HEMPs and GMDs can affect large geographic areas.”

Compartir