Universalizar los sistemas de salud, integrar a las personas en una sociedad solidaria, integrar a los países en una región solidaria: el desafío de una vida mejor para todos.

20/07/2018 - Felix Rigoli

Suramérica, a pesar de ser una región con amplias desigualdades, ha conseguido soñar con dar el acceso a los servicios de salud para todos. Hasta hace dos décadas, los problemas de salud en nuestra región eran una desgracia que llevaba a la indigencia a entre 5 y 15 % de las familias suramericanas. Claro que no todos eran afectados de igual manera por estos infortunios, en parte porque había grupos sociales que podían evitar mejor algunas causas de enfermedad y principalmente porque podían pagar por los tratamientos existentes en el país o en el exterior.

La decisión de los gobiernos de la región para extender y hacer accesibles sus servicios de salud a toda la población, con las menores barreras financieras posibles, fue una iniciativa enmarcada en la extensión de los derechos de ciudadanía, incluyendo el reconocimiento de comunidades étnicas, culturales, raciales y con diferentes identidades, que necesitaban no solamente la ausencia de barreras financieras, sino la adecuación de los servicios a sus necesidades particulares. Como fue expresado en Brasil en el momento de la creación del Sistema Único de Salud (SUS), y que podría aplicarse a muchos de nuestros países, la extensión del sistema de salud para todos es parte de un proceso civilizatorio, de hacer que todos sean ciudadanos con derechos a una vida libre de infortunios.

En este proceso, aún inacabado, los países han utilizado muchas estrategias, desde las que crean un sistema de salud totalmente nuevo, hasta los que gradualmente han adaptado sus estructuras existentes usando la atención primaria de salud como eje que organiza y concentra los esfuerzos de transformación. Los resultados están a la vista, la mayor parte de los países han reducido considerablemente sus gastos de bolsillo en salud, y por lo tanto el riesgo de que la salud contribuya a caer en la pobreza o a aumentarla. El sistema de salud pasa a ser un factor que libera a las personas de un riesgo vital, y así ayuda a igualar las oportunidades de vivir una vida mejor.

                                                                            Fuente: data.worldbank.org

 

La distribución de recursos, y especialmente de profesionales de salud ha mejorado en regiones que hasta comienzos del siglo XXI nunca habían tenido acceso a un médico, un enfermero o un dentista. Esto es especialmente cierto en regiones alejadas y en comunidades indígenas y de difícil acceso. Suramérica ha creado programas de vanguardia en extender el acceso a la salud para ciudadanos que hasta poco tiempo atrás no se sentían integrados a su país. Los efectos de esta extensión de los derechos y del acceso se hacen sentir en las prioridades de los gobiernos y en las demandas de las comunidades, permitiendo consolidar estos logros. Sin embargo, como se señala al comienzo de este texto, estos sistemas de salud se insertan en sociedades que mantienen diferencias importantes en la distribución de recursos y de poder.

Desde ISAGS, se ha promovido y promueve el monitoreo de las asimetrías en los sistemas de salud, dentro de los países y entre los países, para que los actores sociales puedan apropiarse de este conocimiento e impulsar la reducción de estas diferencias, injustas y evitables. Para ello ISAGS mantiene diferentes actividades de estudios, análisis de coyuntura, paneles de datos, noticias y herramientas de monitoreo de la salud desde la óptica de un sistema universal e igualitario, basado en la atención primaria de salud, tal como definido por las autoridades sanitarias de los países.

No se puede desconocer la influencia de los procesos de integración en estos avances. La constitución de una ciudadanía común, de una conciencia de derechos para todos, que ha permeado la acción de la UNASUR, tuvo también una expresión concreta en materia de salud. Los países comprendieron que era importante que sus ciudadanos tuvieran derechos similares y que la reducción de asimetrías que era imperativa dentro de la sociedad, también era una necesidad entre los diferentes países. Al mismo tiempo no es solamente la comparación de los países la que impulsa a la mejoría. En forma muy importante los países han aprendido unos de los otros. La acción conjunta de los países compartiendo las mejores prácticas, la capacidad de aprender en conjunto, de crear sistemas de información y de planificación conjunta, se constituye en una fuente de ideas y técnicas que cada país aprovecha en su beneficio y ofrece a los demás.

 

 

 

Felix Rigoli

                                                                                                     Especialista en Sistemas y Servicios de Salud 

ISAGS-UNASUR

felixrigoli@isags-unasur.org

 

 

 

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