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El Clima, el Desarrollo y la Determinación Social de la Salud

2015 | Fuente: - Autor: Alessandra Bortoni Ninis

El año 2015 fue un año-marco para el desarrollo global. La nueva agenda de desarrollo, aprobada en septiembre de 2015 – Objetivos de Desarrollo Sostenible o Agenda 2030 – propone, de manera audaz, 17 objetivos amplios – desde la erradicación de la miseria hasta el combate a los cambios climáticos – con 169 metas a lograr hasta 2030.

Al reconocer que la erradicación de la pobreza es el mayor desafío para el desarrollo sostenible, refuerza acciones de determinación social de la salud que traspasan trasversalmente los 17 objetivos del documento “Transformar Nuestro Mundo: la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible".

El listado de acciones de la Agenda 2030 indica que el tema de la determinación social de la salud y del bienestar social atraviesan todas las dimensiones de la Agenda 2030, sea en las acciones de promoción de la igualdad y la equidad para una vida saludable, sea en las acciones de urbanización, acceso y protección de los recursos naturales y el clima. Los desafíos de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, frente a la determinación social de la salud, denotan una gran ambición de la nueva Agenda global.

Sin embargo, todos los esfuerzos mencionados son seriamente amenazados por las incertidumbres de los cambios climáticos. Pese a que el Informe prevea acciones direccionados al clima, también vislumbra, de manera general, un nivel de desarrollo pleno que exige no solamente compromisos y acuerdos quiméricos por parte de los países, sino que acciones reales de mitigación de impactos y de adaptabilidad al nuevo sistema social-planetario.

La crisis en el clima es una tragedia anunciada. La COP 21, llevada a cabo en Paris, buscaba lograr un nuevo acuerdo internacional sobre el clima, aplicable a todos los países, con el objetivo de mantener el calentamiento global por debajo de los 2°C. ¿Pero aún es posible?

El consenso sobre el reconocimiento de que los cambios climáticos provienen de acciones antropogénicas debería movilizar actitudes concretas para una reorientación de las acciones del hombre en el planeta para un cambio real en la producción y en el consumo. Esa reorientación pasa esencialmente por el combate a la miseria, la disminución de la desigualdad, la contención del acúmulo y del consumismo, en un pacto para un nuevo sistema más solidario, participativo, equitativo y, consecuentemente, más saludable. Pero mismo con todo el riesgo involucrado, hay una discrepancia entre las metas acordadas y los resultados concretos.

 

El 5º Informe del IPCC (Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático), divulgado en 2014, alerta que el calentamiento del clima se viene dando en un ritmo más rápido de lo previsto. Pese a que las Naciones Unidas hayan establecido la meta para un aumento de la temperatura limitado a 2°C hasta el final del Siglo XXI, hay un riesgo de que este límite ya se alcance en 2030, que es precisamente el año-meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. ¿Tendría la humanidad tiempo hábil para adaptarse, adecuarse y proponer acciones de mitigación de este círculo vicioso de producción-consumo-pobreza-emisiones?

En el Informe de 2014, el IPCC presenta un escenario bastante pesimista – elevación promedio de la temperatura alrededor de los 4,8°C hasta el fin de este siglo con una subida del nivel del mar en un promedio de 26 hasta 98 cm (la estimativa era de 18 a 59 cm), lo que ocasionará migraciones en masa de poblaciones, eventos climáticos extremos y aumento y diseminación de enfermedades.

A ello se suma el inminente derretimiento del Permafrost (acción del calentamiento global) y la consecuente liberación de 45 mil millones de toneladas métricas de carbono originario del metano y dióxido de carbono en la atmosfera en los próximos 30 años, lo que podrá llegar hasta los 300 mil millones de toneladas en 2100 y agravará el fenómeno del calentamiento planetario, con impacto en todos los sistemas terrestres. Eso significa un calentamiento entre 20 y 30% más rápido que lo que ocurre hoy.

Esta inminente catástrofe sumada al escenario de multicrisis: políticas, ideológicas, religiosas, ambientales, sociales, pone en jaque la posibilidad de un acuerdo efectivo y eficiente para que las sociedades humanas logren el desarrollo de la manera propuesta por las Naciones Unidas.

Cambiar el modelo significa adoptar una serie de medidas y compromisos públicos y privados, conversiones industriales, compensaciones financieras y medidas coercitivas de renuncia a los recursos disponibles y rentables en el corto plazo. Pero los países se encuentran en diferentes niveles de desarrollo, con concepciones y pesos diferentes en las negociaciones.

Además de los países, el gran reto es lo de convencer a las grandes corporaciones y a los verdaderos dueños de la riqueza y del poder a renunciar sus ventajas financieras. Queda muy claro para todos que estudian el desarrollo que, en el choque entre el poder económico y la crisis social-ideológica, el último siempre pierde y los avances son poco efectivos.

En la Conferencia de Paris imperó la creencia en un nuevo acuerdo climático (inédito y consensuado), pero no se dieron cuenta de que, en realidad, deberían preparar un plan de contingencia y buscar soluciones prácticas y efectivas de adaptabilidad y sobrevivencia. En ese escenario, sería prudente que todos los involucrados escucharan a las proposiciones de la sociedad civil y buscaran un pacto global por el planeta.

En la Conferencia Temática Previa a Hábitat III - Ciudades Intermedias – realizada en Ecuador en noviembre, el discurso se limitó a la implementación de la nueva agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible en el nivel local. Las palabras de orden fueron participación ciudadana y nuevo paradigma de desarrollo. Se acordó que no existe posibilidad de conversión del modelo de desarrollo vicioso para un modelo virtuoso sino a través de un cambio substancial de los modelos económico, político y social.

Un nuevo paradigma de planificación territorial se debe instaurar en definitivo para el cumplimiento de las metas de la Agenda 2030, es decir, para que las ciudades sean ambientalmente sostenibles, socialmente equitativas, culturalmente sensibles, políticamente democráticas (participativas), económicamente prósperas y, sobre todo, más resilientes.

De esta forma, la incorporación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (Agenda 2030) debe partir de una amplia consultación social para buscar nuevos instrumentos de planificación capaces de promover un cambio paradigmático en la gestión municipal.

La Declaración de Cuenca, documento-base para el Hábitat III (Quito, 2016) destaca los desafíos de esta nueva urbanización frente a los cambios ambientales y climáticos, en una búsqueda por una relación más equilibrada con el entorno rural y con la garantía de seguridad alimentaria (cadena de abastecimiento) salud, seguridad pública y educación ciudadana en todos los niveles de la enseñanza. El compromiso de la Declaración de Cuenca es lo de formar una nueva agenda urbana a través de una visión compleja, interconectada e interdisciplinaria que promueva un nuevo modelo de desarrollo urbano sostenible y digno para todos los pueblos.

Todos esos cambios esperados para los próximos años requieren nuevas iniciativas, acciones y políticas que impactan en los servicios de salud, y transformaron la determinación social de la salud en un desafío cada vez más complejo. Las políticas sociales de combate a la pobreza y la desigualdad deben ser reforzadas y garantizadas, así como la participación social y la garantía de derechos a los ciudadanos.

En medio a todo ese proceso, el ISAGS-UNASUR viene debatiendo y actuando, de manera a promover la determinación social de la salud en tiempos de crisis globales. En reunión realizada del 4 al 6 de noviembre en Rio de Janeiro, se acordó la importancia de las políticas de transferencia de ingresos como un mecanismo eficiente para la disminución de la pobreza y promoción de la salud.

El fortalecimiento de acciones intersectoriales, el diálogo intersectorial y la formación transdisciplinaria de gestores públicos pueden garantizar algunos avances en términos de diseño de políticas públicas efectivas para este otro paradigma. El estado debe garantizar las igualdades de condiciones y oportunidades de manera a promover salud, equidad y garantizar derechos.

Será necesario adecuar y fortalecer los sistemas de salud para enfrentar los nuevos desafíos frente a los cambios climáticos y como respuesta a la Agenda 2030. Así, el grupo de trabajo plantea mejorar la planificación y gestión de los sistemas de salud, más integrados e intersectoriales, fortalecer la participación social y generar un pacto político para la sostenibilidad de los sistemas de salud en todos os países del bloque.

Es importante que los países tengan clara la dimensión del desafío de los cambios climáticos para los procesos de determinación social de la salud frente a la necesidad de fortalecimiento de un sistema de salud más resiliente, que exigirá la promoción de nuevos paradigmas de gestión y planificación que incluyan a abordajes más complejas, integrales, interdisciplinarias, participativas para la elaboración de planes de mitigación de impactos y atención integral a la salud humana, social y ambiental.

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