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Entrevista: Cristian Suau, experto en urbanismo sustentable

18/11/2016 | Fuente: ISAGS - Autor: Rafael Giménez

Nacido en Chile y actualmente afincado en Escocia, Cristian Suau es Doctor en Arquitectura (distinción de honor europea 2001) y Master en Diseño Urbano (1997) por la Escuela de Arquitectura de Barcelona (ETSAB). Completó tres postdoctorados avanzados en eco-diseño, diseño experimental de viviendas y regeneración urbana en Suecia, Noruega y España. Su enfoque principal se centra Urbanismo Adaptativo, Paisajes Transformadores y Diseño Polivalente de Viviendas. Ha participado como estudiante, profesor, coordinador, colaborador, director e investigador en diversas instancias académicas, centros de producción de conocimiento y entidades de renombre en el mundo de la arquitectura y el diseño urbano en el mundo (Welsh School of Architecture, Art Box, Nomadic Allotments, Erasmus, Strathclyde University, Glasgow Project Office, Mobileland VIP, etc.) Actualmente es director de ECOFABRICA y co-director de STUDIO POP.

1. La Nueva Agenda Urbana, aprobada en el marco del Hábitat III, plantea objetivos ambiciosos que, de ser alcanzados, prometen un futuro mejor para la humanidad de aquí a 20 años pero, teniendo en cuenta las experiencias de Hábitat II y III, ¿cuáles son las posibilidades reales de su implementación, es decir, cómo se hace para que lo aprobado no quede en papel y nada más?

Lo primero a tener en cuenta es el gran desequilibrio que existe en la cuestión urbana, que es la pobreza; y ésta se está planteando, a mi juicio, de una forma que no es la correcta. En primer lugar, porque quien lidera el Hábitat fue intendente de Barcelona que, primero, no es un experto en el ámbito del urbanismo ni de la geografía urbana ni de la sociología urbana, es un médico.  Segundo, es un administrador.

Por eso, a mí me parece que el error es tratar de comparar zonas o asentamientos pobres de nuestro continente con modelos ya desarrollados y formalizados de urbanidad. Entonces, esa aspiración o ese intento de borrar las favelas, como le dicen en Brasil, o poblaciones callampa, como le decimos en Chile, o pueblos nuevos, como le llaman en Perú, es, simplemente, el resultado desesperado de un modelo neoliberal ineficiente.

Esa es mi frustración y también mi discusión con respecto a cómo se está llevando esta Agenda. No puede haber un cambio verdadero si no hay un cambio de modelo económico, social y de distribución. Esa es la condición, inevitablemente, que implica la aniquilación del modelo neoliberal.

Ese elemento político-ideológico no está siendo discutido. Las experiencias que se buscan son experiencias que operan dentro de la lógica mercantilista. Por ejemplo, la expresión máxima sería (ganador del premio) Pritzker Prize, el arquitecto chileno (Alejandro) Aravena, que siendo soluciones habitacionales novedosas, estas se desarrollan desde la lógica neoliberal. Es decir, que asume un producto "casa" de bajo coste, que permite construir mas con menos pero sin procesos de co-diseno ni controles de calidad, Estos ejemplos aislados y discontinuos no resuelven el problema de la demanda desesperada de la población urbana para tener acceso al derecho a la vivienda.

Lo segundo a tener en cuenta es el elemento político. La vivienda es un derecho, no es un deber que se gana con esfuerzo (propio). Esta es una discusión completamente borrada de esta Agenda de Quito.

Hay dos elementos centrales. Uno: el derecho a la ciudad significa simplemente la ocupación y la garantía por parte de las autoridades de ofrecer el acceso a una ciudad que sea igualitaria en oportunidades, por cierto, y también en el sentido de distribución del sistema de transportes, etc.

El segundo componente es lo referente al medioambiente; nos encontramos en ciudades con problemas serios de salud, que presentan situaciones graves en cuanto a la calidad del aire y del agua. Hay casos que son alarmantes, como en mi país (Chile), o en el norte argentino, en Tucumán, o en los países de la Comunidad del Pacífico, porque me ha tocado hablar con peruanos y ecuatorianos.

El tema del agua es un tema muy interesante. Hay una escasez de agua tremenda. Ciudades como Santiago, se encuentran vulnerables. El caso de Lima es alarmante. Estos temas tienen que ir apoyando la Agenda Urbana, que no puede ser concebida estrictamente como una cuestión urbana.

Mi opinión personal es que la gente que está llevando adelante esta Agenda no me representa. Me parece que no es responsable buscar como paradigma este tipo de modelo.

2. En Suramérica, ¿existen experiencias exitosas de urbanismo sustentable que puedan potenciarse y extrapolarse a otras realidades?

Es bueno siempre tomar distancia porque eso nos permite reflexionar. La discusión del Hábitat I, II y III a mí me parece que está muy encima nuestro, que es muy cercana. Pero si hacemos un análisis del desarrollismo latinoamericano y nos ponemos a pensar, por ejemplo, en la situación del Cono Sur y en cómo se desarrollaron allí las dinámicas metropolitanas, encontramos ejemplos de modelos de desarrollo que son muy interesantes. Ahora bien, eso está ligado a una definición política del derecho a la vivienda y el derecho a la ciudad.

En el caso de Chile, por ejemplo, en el período de la década del ’70 tras el Golpe de Estado el modelo cambió radicalmente. El acceso que tenía la población a la vivienda como derecho estaba resuelto constitucionalmente. Entonces, el marco regulatorio en cuanto al control de calidad le dictaba la pauta al gobierno, pero cuando se desreguló esto, producto de la implementación de políticas neoliberales que continúan hasta hoy, la regulación de estas cuestiones quedó en manos de un monopolio. Se le delegó al sector privado la potestad de decidir e implementar soluciones que son, realmente, ínfimas.

Entonces, lo que se está haciendo con esta Agenda, a mi juicio, es potenciar cantidad pero no calidad. Hay una relación inversamente proporcional. Queremos hacer más pero no queremos hacer mejor. Yo creo que lo que se está discutiendo en la Agenda es un debate errado. Lo que hay asegurar es calidad y que lo que se ofrezca sea mejor, no simplemente dar más, sino mejor. La discusión debe ser cualitativa y no cuantitativa. Es sobre desarrollo urbano sobre lo que hay que enfatizar y no sobre crecimiento urbano.

Buenos Aires es un buen ejemplo. Cuando tú llegas a Buenos Aires desde el aeropuerto internacional o desde la periferia y ves dos ciudades completamente distintas: una ciudad consolidada que funciona como un modelo regulado, como sucede también en Chile o en Brasil, y luego está esta ciudad difusa donde no hay un control regulatorio. Y ese control regulatorio se encarnaba en el Estado y no desde el Mercado. Ahí está lo importante. Hoy la ciudad es regulada no por el Estado sino por el Mercado. Y eso es lo que lo hace asimétrico y desproporcionado.

3. En los últimos 20 años las ciudades se han vuelto cada vez más grandes, más desordenadas, más desiguales e más insalubres. ¿Qué se necesita para revertir este proceso?

Hay una dimensión, a mi juicio, ética, es decir: cómo somos capaces de entender que la ciudad está hecha para todos. Esto se contradice con los que vivimos hoy donde vemos esquemas de exclusión, esquemas de periodización, que implican que a ciertos lugares se puede acceder y a otros no, o hay que pagar para tener acceso a través de sistemas de concesiones. Esta es una definición ética que tiene que ajustarse fundamentalmente al hecho de que los Estados y los gobiernos de las ciudades firmen en un protocolo el derecho a la vivienda y el derecho a la ciudad. Estos derechos deben estar garantizados en un marco regulatorio, en un plan maestro. Pero ese derecho hoy no existe, no lo tenemos.

En Chile, que es lo más ultra liberal que puede existir, se utiliza constantemente el modelo de privatización y esa idea de que la" vivienda es un bien que se gana con esfuerzo’. Y el problema es que se hace ortodoxia con esto: “lo que hace el Estado es siempre malo”. Fíjate a lo que hemos llegado: “se puede hacer mejor pero sin el Estado”. Y a mí esto me parece absurdo.

Y el tema de la Agenda es que es una cláusula no vinculante. No se firma. Son frases que no tienen su anclaje político-legal.

El segundo aspecto es lo social que es, a mi parecer, lo más vulnerable, atado precisamente a las administraciones que van cambiando. Entonces, si no somos capaces de amarrar en una agenda mayor este asunto y garantizarlo, no vamos a ir a ningún lado. En el caso de Chile, por ejemplo, la izquierda y la derecha se alternan en el poder y no hay continuidad en las políticas públicas. Y es una frustración constante.

El otro aspecto que convoca lo social es la ingeniería, la ingeniería social. Vivimos en una situación piramidal en la que quién define  quién es ciudadano y regula el concepto mismo de ciudadanía es el Mercado, y no el Estado. Es preciso que construir una ingeniería social que garantice que estos tejidos urbanos sean más homogéneos, que no sean desbalanceados.

El tercer aspecto es el aspecto morfológico, la forma de ciudad. Hemos pasado de una ciudad compacta, de la cual Buenos Aires es un claro ejemplo, a una ciudad difusa. Tenemos que encontrar patrones o tejidos urbanos que sean ricos en sus diferencias y no sean uniformes. En la Agenda de Quito se discutió Diversidad y Pluralidad. La discusión de fondo es aceptar que hay una pluralidad, que no se puede estar pensando en erradicar favelas per sé para aspirar a un modelo que en el fondo es insostenible. Lo importante es pensar qué podemos aprender desde la informalidad de este tipo de arquitectura que representa el 80% de nuestro paisaje urbano. Si no entendemos desde esa realidad esa ciudad que es construida por los pobres, no estamos haciendo foco en lo importante. Se habla de densidad y yo creo que la densidad urbana no es mala. No hay que erradicar favela, hay que formalizarlas, integrarlas al tejido urbano. Es un proceso de consolidación. Y la agenda que se está manejando es una agenda de erradicación.

Vivir en una zona marginal, en un barrio informal, implica una etiqueta social, un estigma. Y la solución que se plantea es eliminar ese modelo y reemplazarlo por un modelo formal. Y entonces, ¿qué se hace? A esa persona no se le cambia su situación socio-económica sino que se le entrega una vivienda en otra zona de la ciudad, se la desterritorializa, se le margina aún más al periferizarla más, al llevarla más lejos y, al mismo tiempo, ganas esas tierras donde estaba el asentamiento informal, tierras que suelen ser muy valiosas.

Estos procesos tienen que contar con el apoyo, la asistencia y la cofinanciación también de organizaciones públicas y mixtas que no se engañen con el remedio de la erradicación. Porque esa solución me parece: 1) imposible; y 2) favorece siempre a los grupos que compran luego esas tierras y las revaloriza. Y eso es lo que está pasando.

Entonces, ese modelo a mí no me parece correcto. La erradicación de los asentamientos informales no es una solución, no resuelve el problema, porque crea otra pobreza disfrazada: la pobreza de la super-periferia.

4. El fenómeno de las migraciones es un tema que ha ganado mayor visibilidad en el mundo. En Suramérica tenemos experiencias crecientes en este sentido. ¿Cómo afectan las migraciones al desarrollo de urbanismos sustentables en nuestra región?

Hay una cuestión muy interesante en esta pregunta, que tiene que ver con el desplazamiento y el derecho a la movilidad. Las oportunidades se han concentrado en territorios muy pequeños en lugar de ofrecer alternativas. Y esas alternativas no siempre son exitosas. Te pongo el ejemplo de Chile, que es un país extenso, con 4 mil kilómetros de longitud, en el cual resulta difícil que las poblaciones se mantengan en sus regiones. La tendencia es a la concentración. Esto se ve en Santiago, en Buenos Aires o en Lima, donde la concentración de la población en el área metropolitana de casi el 60%.

Estamos ante una situación en la cual pasamos de una pobreza urbana a una pobreza rural, que es mucho más fuerte. En la ciudad es más difícil que se den experiencias comunitarias, huertos urbanos y economías circulares. Esta filosofía del compartir, de las economías informales, no debe ser castigada, debe ser incentivada. Yo apoyo todas estas formas de economía informal, no la castigo, porque me parece en cierto modo fundamental para mantener cierto equilibrio.

En los países más regulados como Argentina, Chile, Uruguay o Costa Rica estas economías informales se penalizan. Imagina que yo vengo de la Patagonia a Santiago, con mucho esfuerzo, y llevo a mi familia y acabamos viviendo en condiciones muy precarias, trabajando de manera informal; y es una vida muy difícil. Tenemos que integrar esa multiculturalidad, esa diversidad, a estas ciudades que no le dan cabida. Hay que generar espacios y evitar la penalización de este tipo de prácticas. No me parece mal que la gente quiera vender sus productos en una economía paralela. En muchos países funciona, mismo en Chile y Argentina. Es un elemento que hay que aprovechar.

5. Muchas veces se habla de volver una ciudad más sustentable proponiendo más espacios verdes. ¿Es eso suficiente?

Lo primero a tener en cuenta es que se trata de una definición abstracta: ¿qué es verde? En la lógica neoliberal, lo que se hace es ofrecer el verde a los que pagan verde. Es ponerle un porcentaje que se carga al valor del suelo urbano. Al igual que el agua. Agua y verde son componentes que tienen los privilegiados. No es un verde al que yo accedo. Es un verde que existe pero del que yo no puedo participar. Es un verde que no es mío, sino que lo veo pero no lo utilizo.

Esta situación de un espacio regulado abstracto proviene de todas estas discusiones del urbanismo de la zonificación, que “simplificó la vida” durante el modelo taylorista. Pero acabado el taylorismo, no se puede seguir con esta visión post-taylorista o fordiana. Entonces, la estupidez que tiene esta gente, de la escuela de planificación antigua, es que siguen pensando que la solución o el antídoto es dar más verde, para resolver el problema del medioambiente, por ejemplo.

El tema no es dar más verde, sino activar los vacíos urbanos que deja precisamente el despilfarro y el descontrol del modelo neoliberal. Entonces, ¿qué hacemos con gente que no quiere vender y que deja que los espacios improductivos se transformen en basurales? ¿Tenemos derecho a utilizar esos espacios? Yo creo que sí. Aquí hay un elemento de subversión. Se trata de ser transgresivo. Se trata de transformar estas zonas de abandono, de violencia y de desperdicio en espacios activos. Esto no se discute en la actual agenda, que es obsoleta, que se basa en el taylorismo urbano de los años ´50, de la posguerra, que no entiende que el problema es más amplio, que le hemos dado la espalda a naturaleza, que las ciudades se contaminan, que el agua escasea o está contaminada.

Entonces, ese verde es un verde exclusivo. Tenemos en las ciudades bolsones de desarrollo, en los cuales el 5% controla el 90%, donde somos los siervos en el planeta de los simios, en este urbanismo de servidumbre. Esa es la dinámica en la que vivimos. No se crea, no se activa la ciudad para que podamos desarrollarnos en un modelo más sostenible. No queremos un verde privatizado, queremos un verde activador. No queremos un verde abstracto o un verde controlado. Queremos un verde ecologizante, socializante. Y eso no existe.

6. Desde el ámbito de la UNASUR, ¿qué acciones podrían desarrollar los países suramericanos para trabajar de manera real en el mejoramiento de las condiciones de habitabilidad de sus pueblos?

Soy optimista en ese sentido y creo que las posibilidades del momento histórico que nos toca vivir son bastante interesantes. La condición es trabajar de forma integrada y a partir de buenas prácticas. Es como este juego del punto a punto. Medellín puede enseñarle a Santiago de Chile en temas como, por ejemplo, la vivienda. Caracas puede enseñarnos como activar otro aspecto, y Buenos Aires otro. Yo creo que es la gente la que hace la ciudad. Y creo que hay incentivar que exista este debate entre instituciones.

Por otro lado, lo que hay que abrir es el debate cultural, el debate silencioso, no el debate academicista, como el que estamos teniendo ahora tú y yo. Tenemos que activar el debate de abajo, el debate silenciado. Y ese debate se puede trabajar únicamente desde dos ámbitos: la Educación y la Salud. Porque, al final, son los elementos más tangibles que tenemos para entender el impacto que tiene en nosotros un entorno erosionado o dañado.

Es importante que los cuerpos de Salud y los de Educación trabajen en el tema de la ciudad, no como elementos externos sino como activos diseñadores del modelo urbano. No es un tema de arquitectos ni de urbanistas. Es un tema de planificadores y diseñadores. Es importante que abramos una válvula desde la salud, desde la cual tratar diversos temas: como la atención a la tercera edad, la apertura de espacios recreativos que puedan absorber polución y liberar oxígeno y también recuperar la calle. Yo soy de una generación que se crio en la calle, soy de la escuela de Maradona, de la cultura de la calle, que yo creo que es muy importante. Es importante entender que la ciudad es nuestro elemento natural, y esto nos lleva inevitablemente a fomentar el civismo, a perder el miedo y a vencer esta cultura neoliberal que nos hace vivir atomizados.

Me gustaría que la salud y la educación apareciesen en estos debates del Hábitat III, para no quedar atrapados en estos debates de planificadores y diseñadores de moda que traen estos proyectos que son inaplicables; y no porque no seamos capaces sino porque existe una descoordinación y una desproporción entre posibilidades y recursos, y entre desarrollo y crecimiento. Estos temas han sido eliminados de la discusión en Quito.

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